Kim se enfundó los guantes
negros, pensativa, y miró hacia arriba, tan arriba como podían alcanzar sus
ojos. Miró hacía las campanas de la iglesia, y sentí la lenta y triste melodía avisando a todos los invitados a entrar
dentro, para que comience la ceremonia. Iba completamente vestida de negro, de
cabeza a pie, con un vestido muy simple, unos zapatos de tacón y como
complementos unos guantes, un sombrero y un bolso pequeño.
Cuando entró por la puerta grande
de la iglesia, avanzó tímidamente hasta llegar al banco de delante de todo,
donde se sentó sola, completamente sola, mientras todo el mundo la miró con
ojos de pena. La miraban así por una
razón: era la única que restante de su familia. Sus padres habían muerto cuando
ella y su hermana gemela, Kate, tenían 11 años, y ahora había muerto Kate.
Escuchó al cura como hablaba de
su hermana, todas las cosas buenas de ella; lo bonita que era, encantadora,
agradable, simpática, generosa, etc. Kim
apretó sus dientes. Escuchó como el cura dijo el nombre de Juan (el
prometido de su hermana). Kim rápidamente se giró para mirar a Juan, los dos
aguantaron sus miradas durante un solo segundo. Ahora los dos estaban juntos en
este secreto.
Irse de la iglesia era la parte
más dura para ella, todos los vecinos y amigos familiares intentaban hablar con
ella. La última persona que quiso hablar con ella era el cura.
-
Mi querida Kim, Dios actúa de extrañas maneras.
Quien iba a saber que una simple gripe podría quitarle la vida a una mujer tan
joven.
Kim hizo ver que se quitaba lágrimas imaginarias de su cara.
-
Gracias, ha sido una ceremonia maravillosa. No
sé cómo podre vivir ahora, sin ella.
De repente Juan estaba a su lado,
-
Podemos ayudarnos el uno al otro- dijo Juan
intentando actuar de la manera más triste que podía, poniendo su brazo
alrededor de Kim.
De repente cogió
a Kim y se la llevó hasta el coche que los llevaba a los dos hasta el
tanatorio. Tenían que ir a decir sus últimos adiós a Kate.
En la parte de
detrás del coche, Kim agarraba la mano de Juan, mientras su otra mano cubierto
del guante negro, tocaba el bote de veneno que sobró en su bolso.
Nadie vio la
secreta sonrisa entre Kim y Juan. Nadie iba a saber su secreto.
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